Intimista

Esquela autodirigida

Me doy la cabeza contra un vidrio negro. Creo haber salido. De nuevo. El golpe. El vidrio. El negro. Mi cabeza, ¿dónde está?, ¿por qué no frena? ¡¿NO VE QUE HAY UN VIDRIO?!

Vení para acá, bo, si ya sabés que ahí te lastimás. Mi cabeza niña deslumbrada con el vidrio negro, mi rezongo inútil, mi esperanza débil.

¿No podés abrir los ojos un ratito?

Anuncios
Intimista

Ganas

¿Qué son estas irrefrenables ganas de vos?

Entendí que no se trata de llenarse o tener suficiente: no hay parámetros de cantidad. Cada segundo, hoy, me parece más lindo si lo comparto con vos.

Resulta irrelevante cualquier medida de tiempo: no es tiempo lo que busco con vos, no es llenar vueltas de reloj. Lo que busco, lo que quiero, sos vos. Vos sin tiempo, vos distinto con cada movimiento de aguja, vos.

Intimista

-El discurso que no fue-

Nada de vueltas, reconocimientos del carácter democrático de la nación o falaz adjudicación del logro de haber llegado a ese debate -victoria de los movimientos feministas-. Al grano: lo que habría dicho si fuera senadora argentina.

La ley de interrupción voluntaria del embarazo no es excluyente ni incompatible con otras leyes. Aunque ya de por sí se ocupa de la educación sexual y de los métodos anticonceptivos, no cierra puertas a otras propuestas que ahonden en estas temáticas.

A quienes son fieles a la Iglesia Católica: no pueden jugar a ser Dios. Nadie puede. No podemos gobernar desde la falacia de la omnipotencia. Hay una realidad que debemos aceptar: no podemos evitar todos los abortos.

Sí podemos trabajar para prevenir embarazos no deseados, podemos promover la educación y los métodos anticonceptivos, por supuesto. No podemos jugar a ser Dios. No podemos evitar todos los abortos.

Va a seguir habiendo relaciones forzadas entre parejas, va a seguir habiendo hombres que abusen de mujeres en situación de vulnerabilidad, incluso que droguen o alcoholicen a alguien para abusar sexualmente de ella (y eso a veces ni deja pruebas de violación), los métodos anticonceptivos van a seguir fallando. Y no solo le pasa a mujeres o pibas jóvenes que no se cuidan deliberadamente. No podemos jugar a ser Dios. No controlamos todo. A veces el método anticonceptivo falla y cuando lo notamos no hay pastilla de emergencia que sirva. Les puede pasar a ustedes, o a cualquier mujer que conocen. Las mujeres tenemos derecho al libre disfrute de nuestra sexualidad igual que los hombres, y no somos incubadoras.

Esta ley ataca un problema, no todos, no es eso lo que pretende. Insisto en esto: no es una ley incompatible con otras propuestas. Votar en contra no va a solucionar nada más allá de calmar algunas conciencias, porque en el plano de la realidad va a seguir habiendo mujeres que deciden abortar. Y en ese caso, si les parece que está bien que se mueran por su decisión, no están a favor de la vida.

Crear nuevas leyes que apunten específicamente a la educación sexual integral, a fomentar aún más el uso de métodos anticonceptivos, trazar redes de contención para mujeres y personas con capacidad de gestar, incidir en los sectores con mayores niveles de embarazos no deseados, son medidas esenciales que van a ayudar a disminuir la cantidad de abortos. Pero, incluso con todo eso, no podemos evitar todos los abortos. No podemos jugar a ser Dios.

Así que sí, promovamos otras leyes y alternativas para atacar todo lo que pasa antes de que una persona gestante decida abortar, pero no neguemos que no vamos a abarcar a todas, y que algunas de todas formas, por la causal que sea, puede decidir terminar con su embarazo. Y, de nuevo, si creemos que esa está bien que muera por su decisión, no estamos a favor de la vida.

Esta ley garantiza que las personas que de todas formas decidan ponerle fin a la gestación puedan hacerlo en la legalidad, en un hospital, en vez de en algún espacio clandestino poniendo en riesgo su vida. Porque en el día a día la moral no importa: se van a morir las mujeres y también los fetos que tienen dentro. Así que, no, no salvamos ninguna vida.

En este panorama, ¿es realmente una solución y un voto a la vida no apoyar la ley de interrupción voluntaria del embarazo? Si realmente tenemos en cuenta que la decisión no tiene que ser entre dos opciones, que podemos generar un embudo y un filtro con otras políticas, pero entendemos que al menos una mujer (y es suficiente) igual va a abortar: ¿estamos tomando al decisión correcta si le negamos el acceso a la salud, si exponemos a mujeres con abortos espontáneos a quedar esposadas a las camillas del hospital?

Hay que entender que esta ley no está a favor de la muerte. Está a favor de que no mueran mujeres en la clandestinidad (y los fetos morirán con ellas, así que ninguna vida saldrá de esas habitaciones escondidas). Está a favor de crear redes de contención, de evitar los embarazos no deseados, y por ende los abortos. Pero, no podemos jugar a ser Dios. No podemos evitar todos los abortos. ¿Vamos a votar negativo?, ¿vamos a votar por la muerte en la clandestinidad?

 

 

Intimista

La promesa

Juli no lo sabe, pero nos prometí luchar todos los días para que sea libre. Estábamos jugando a pasarnos un almohadón con la cabeza; a ella no le daba la fuerza, pero tampoco notaba que mi mano ayudaba su esfuerzo cada vez. Estábamos sentadas al lado de la estufa, olvidando el frío de domingo cada vez que nuestro cuerpo se sacudía entre risas.

“Dale, Sofi”, me dijo cuando demoré la lanzada del almohadón dos segundos. La miré, sonreí y pensé: cada lucha, cada llanto, cada marcha, cada discusión, cada vez que siento que nos enfrentamos a molinos de viento, cada abrazo, cada alivio, es por ella. Por ella, por su hermana, por sus primas, por la mía. Por ellas y por todas las ella que ese domingo frío no reían junto a la estufa.

Juli no lo sabe, pero todos los días hay miles de mujeres alzando su voz para que ella, cuando salga sola a la calle no sea acosada, para que pueda crecer siendo una niña, una joven y una mujer libre, para que valoren su trabajo sin importar su género, para que no tenga que pelearla el triple para que la tomen en serio, para que pueda usar la ropa que quiera sin miedo; para que ella no tenga que luchar, solo por ser mujer.

Intimista

#UnDíaUnLugar (5)

Me cuesta mucho hacer yoga. Eso de dejar ir la mente y hacer poses por mucho tiempo. Sin embargo, haciéndolo mal y todo, llega un momento del día en que mi cuerpo lo empieza a desear.

Hoy me metí en el cuarto de mi madre y mi padre, que tiene piso flotante, puse el video que quería seguir y me acomodé en mi sitio. Inhalación profunda, exhalación larga, isquiones enraizados, espalda recta, palmas hacia arriba, ojos cerrados.

La habitación es muy húmeda, el piso está frío. Entre mis inhalaciones se cuela el sonido de la tele del living, el ruido del jueguito de mamá y las voces de los videos de papá. Me había olvidado del ruido constante de mi casa.

En el apartamento de Montevideo puedo estar en silencio (relativo); no miro tele y en general si no escucho música, nada suena dentro. Pero acá la televisión siempre está prendida: mi madre dice que odia el silencio.

Inhalo profundo, parece que Nicole Neumann le mandó un mensaje a Cubero, exhalo lento.

Intimista

¿Para qué?

Estaba re copada con la idea de los talleres de escritura creativa para niñas y niños. Había tres cosas que sabía:

  1. Tenía ganas
  2. Estaba dispuesta a investigar y aprender para que fueran un espacio de aprendizaje
  3. Podía coparle a alguien

Empecé a informarme, buscar datos sobre el desarrollo de las habilidades narrativas, cómo influyen en el desarrollo, en qué rango etario las personas aprendemos a contar historias con todos sus elementos. Sabía que las narraciones son la base de la comunicación, que al principio la gente adulta guía los discursos con preguntas, pero quería tener noción de todo, para pensar cómo fomentar el potencial de cada peque.

Puse en mis tres redes que agradecía piques de lugares para hacer los talleres y tuve pila de respuesta (eso me dejó muy contenta). Pero me empezaron a llegar mensajes preguntando si era gratis, o directamente invitándome a espacios donde el taller no sería remunerado.

Me alejé de la computadora y me puse a leer, pero no lograba concentrarme, así que terminé la serie que había empezado el día anterior. No entendía por qué ya no tenía ganas de sentarme a redactar el proyecto, de investigar. Hasta que me di cuenta de que había empezado a dudar. ¿Puedo encarar un taller así y cobrarlo?, ¿no estoy robando la plata?, ¿por qué por un momento creí que tenía la habilidad de enseñar algo?

Hoy solté esa sensación, la dije, la materialicé. Ahora la escribo, a ver si encuentro la forma de lidiar con ella. Quién sabe cómo saldrá la cosa.

Confiar en mí es un trabajo de todos los días. Cuesta. A veces no me sale. Otras, cuando lo estoy logrando, el exterior me dice que no, o me dice algo que yo interpreto como no. Mi psicóloga dice que tiendo al autoboicot; tiene razón. No es culpa de la gente, me niego a que mi entorno tenga miedo de lastimarme por decir. El tema es todo mío. Ta difícil la cosa, che. Capaz el eclipse me habría ayudado. No sé, creo que igual voy a intentar, total, ya me resigné, así que no me voy a sorprender-decepcionar si todo se va a la mierda.