Intimista

Esquela autodirigida

Me doy la cabeza contra un vidrio negro. Creo haber salido. De nuevo. El golpe. El vidrio. El negro. Mi cabeza, ¿dónde está?, ¿por qué no frena? ¡¿NO VE QUE HAY UN VIDRIO?!

Vení para acá, bo, si ya sabés que ahí te lastimás. Mi cabeza niña deslumbrada con el vidrio negro, mi rezongo inútil, mi esperanza débil.

¿No podés abrir los ojos un ratito?

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